Seguidores

sábado, 18 de agosto de 2012

La educación del Siglo XXI

La Educación en la Actualidad


  Progreso, nuevos conocimientos, profundización de la democracia, mejoras de la calidad de vida, revolución educativa y democratización de la educación con la incorporación de la educación virtual, son, entre otros, los aspectos positivos de la globalización; pero a los que sólo tienen acceso los países desarrollados y, en lo económico, las grandes corporaciones multinacionales. 


De allí, igualmente, conviene resaltar los efectos negativos de la globalización por las tendencias asimétricas de la misma, lo cual ha causado reacciones contrarias a dicho proceso, especialmente en los países en vías de desarrollo afectados por esas asimetrías, tales como el reemplazo del trabajo del hombre por la máquina tecnológica; los peligros ecológicos, la destrucción del medio ambiente; el efecto de las transnacionales sobre la soberanía de los estados nacionales; las desigualdades entre países ricos y países pobres; y la profundización de la brecha educativa y tecnológica. 

Mientras los países desarrollados protagonizan la revolución tecnológica y educativa, los países en vías de desarrollo, como los de América Latina están condenados, si no se revierten esas realidades, a profundizar el atraso y la pobreza. Para finales de la década pasada, la inversión de la región en ciencia y tecnología era menos del 2% del total global. La exclusión se expresa también en el área de la informática. En tanto los privilegiados info-ricos agrupan el 7% de la población mundial, en el que el 53% está concentrado en Estados Unidos y Canadá, en donde se genera el 70% del contenido académico en Internet; en los info-pobres del África Subsahariana sólo el 0,5% de su población tiene acceso a Internet y las computadoras modernas. 

Por eso, la promoción de la educación del siglo XXI, especialmente en América Latina, debe orientarse en función no sólo de las demandas de la Sociedad del Conocimiento, sino también para romper el círculo perverso de la exclusión educativa. La disparidad en esta materia, sobre todo para el acceso a la educación superior, profundiza la desigualdad en la distribución del ingreso, condenando a los más pobres a mayor pobreza y a la marginalización. En la región menos del 20% de los jóvenes tiene acceso a la educación superior, mientras que en Estados Unidos la cifra supera el 50%. Además, un estudio del año 2000 revela que en América Latina hay altas tasas de repetición en la educación primaria y que menos del 50% de los estudiantes de secundaria se gradúa. 
Con base en lo expuesto, la educación del siglo XXI persigue el desarrollo de principios y valores éticos y de normas de convivencia social, elementos básicos para asegurar la viabilidad social y política de la nueva economía y de la globalización . 

El deterioro de los valores, la crisis ética y moral y de la cultura cívica, que se consideran como secuelas de la globalización contemporánea, no pueden obviarse en la construcción de la nueva educación. Por lo que la promoción y el fortalecimiento de los valores éticos, que deben estar implícitos en la conducta humana y exigen del reconocimiento de la igualdad y del respeto entre los seres humanos, debe ser objetivo básico del nuevo proceso y modelo educativo para la sociedad global y del conocimiento. Este cambio es necesario para formar el ser humano integral que debe ser un ciudadano con visión global y capaz de impulsar las transformaciones requeridas para darle sentido humano a la globalización. 

Nosotros hemos conceptuado la humanización y democratización de la globalización como bio-globalización, que apunta a dar nueva vida —bio— al proceso globalizador. Dentro de este contexto, habría que apuntalar la nueva bio-educación del siglo XXI, educación integral con vida y para la vida del cuerpo social bio-in-formado.